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Transexuales y Ejército, una historia de genitales

Desde el pasado 1 de abril los transexuales tailandeses no son "anormales" a ojos de su Ejército. Sí, la palabra es ésa, "anormales". Hasta ese día, las transexuales femeninas eran eximidas del servicio militar obligatorio, salvo que no hubiera un número suficiente de reclutas, argumentando que se trataba de personas con una “anormalidad psicológica”. Las críticas de varias organizaciones llevaron al Gobierno tailandés a modificar ese reglamento discriminatorio por otro que, sin embargo, lo sigue siendo. Desde el 1 de abril las transexuales que se hayan implantado senos son incluidas en el denominado “grupo 2”, mientras que las que se hayan sometido a una reasignación completa integran el “grupo 3”. Sin embargo, sólo estas últimas pueden librarse de la mili, que en Tailandia se reserva en exclusiva para los hombres, con absoluta certeza. El resto, podrán hacerlo sólo si existe un número suficiente de voluntarios o lo que es lo mismo, son consideradas hombres. Una vez más la transexualidad es tratada como una cuestión meramente física. Como una cuestión de genitales.


Aunque lo ocurrido en Tailandia nos parezca algo de otro mundo, de países en vías de desarrollo, las cosas en nuestro país no estaban mucho mejor en lo relativo a transexualidad y ejército hasta hace muy poco. Aquí la cuestión no era librarse de la mili, sino poder llegar a ser militar si un transexual así lo decía. En 2008 conocimos la historia de Aitor , un hombre transexual rechazado en tres ocasiones por el Ejército por carecer de órganos sexuales masculinos. Aitor no tenía senos, había sido tratado con hormonas durante años y era reconocido por la ley y su DNI como un hombre. Sin embargo, el Ejército no lo veía así. Durante las pruebas a las que fue sometido le llegaron a preguntar “por dónde meaba”. Todo, para comprobar si tenía pene y testículos. Y es que hasta ese momento, la ausencia de genitales masculinos era considerada un obstáculo para acceder a la carrera militar si el candidato era un hombre. Un obstáculo, según el cuadro médico de exclusiones del Ejército, como tener una enfermedad mental grave o un tumor maligno.


Las cosas han cambiado. La denuncia de Aitor provocó una ola de protestas, que llevó al Gobierno a acabar con esa situación. En marzo de 2009 y a propuesta de los ministerios de Defensa e Interior, el Ejecutivo eliminaba el artículo creado dos décadas antes que impedía a hombres sin pene formar parte del Ejército. Los transexuales masculinos tienen desde ese momento acceso libre a la carrera militar, aunque no hayan sido sometidos a una intervención de reasignación de sexo. Antes, en 2004, había ingresado al Ejército, no sin complicaciones, la primera transexual femenina. Se trataba de una cabo reincorporada a la Armada tras someterse a un cambio de sexo. Dos años después, se producía un caso similar, en la Guardia Civil. Al menos en nuestro país, la pertenencia al Ejército no es ya una cuestión de genitales.

1 comentarios:

{ Peace-for-ever } | 3 de mayo de 2011, 18:29 dijo...

No me extraña nada de lo que cuentas, aunque sea penoso, puesto que sé que los militares en general se caracterizan por ser muy poco considerados. Y no me sorprende que traten a la gente, a sus tropas, peor que al ganado.

Un abrazo.

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